UN PROBLEMA QUE CRECE.

La noche porteña: hay 40 denuncias por fin de semana sobre bares que funcionan como boliches.

Lo dice la Agencia Gubernamental de Control. Además, advierte que la mayoría de los locales viola la clausura y reabre, por lo que hasta llegan a tapiarlos. Analizan endurecer las sanciones.

 

Están registrados como bares pero funcionan como boliches bailables. No tienen salida de emergencia ni cumplen con otras medidas de seguridad obligatorias. Cada fin de semana, la Agencia Gubernamental de Control de la Ciudad (AGC) recibe 40 denuncias por este tipo de locales y clausura 15 boliches, el 70% de los cuales son café bares que desvirtúan su rubro. Al mismo tiempo, detectan 16 que violaron la clausura.

En total, la AGC inspecciona a 20 mil locales de diferente tipo por año, el 62% de los cuales son bares. Y en los últimos tres años, según informó, recibió alrededor de 5.000 denuncias por irregularidades en boliches bailables y, especialmente, por locales que desvirtúan su rubro. Durante 2015 ingresaron 2.039, en 2016 fueron 2.439 y, en lo que va de este año, ya suman 572. Los barrios más conflictivos son Palermo, Flores, Balvanera y San Telmo.

En la Ciudad existen apenas 120 locales clase C, que son donde se permite la actividad de baile. Al mismo tiempo, hay entre 1.000 y 1.100 habilitados como café bar. Los requisitos para ellos son más laxos y por esto algunos piden la habilitación con esa figura, pero funcionan como boliches bailables, a pesar de no cumplir con ninguna de las obligaciones y medidas de seguridad exigidas a las discotecas. Las penas por desvirtuación de rubro son multas de entre $ 70.720 y $ 142.480 y/o clausura por entre 3 y 15 días.

"Más allá de una competencia deshonesta, el problema cuando un bar funciona como boliche bailable es que corre riesgo la vida de las personas -sostiene Jorge Becco, titular de la Cámara de Empresarios de Discotecas-. Después de Cromañón, la actividad de baile es considerada de alto riesgo y está prohibida en cualquier local que no esté habilitado como clase C. Para ser habilitado, un clase C debe contar con médico, bombero, personal de seguridad, cámaras, salida de emergencia de cierto tamaño, matafuegos y si tiene más de 500 metros también mangueras y plan de evacuación, entre otras medidas".

En la Cámara, calculan que hay unos 200 locales que desvirtúan el rubro. Y Becco recuerda que las dos desgracias que hubo en boliches fueron en locales que no estaban habilitados para su actividad. Cromañón era un local clase C, pero no estaba habilitado como sala de recitales. Y Beara era una casa de fiestas pero funcionaba como clase C.

"Cada viernes y sábado, 30 inspectores de la AGC recorren la noche porteña. Se enteran a qué lugares tienen que ir en el momento, cuando reciben sus órdenes de trabajo", cuenta Ricardo Pedace, el director de la AGC. En el último fin de semana, los inspectores visitaron 209 locales, 24 de los cuales fueron clausurados. Además de la desvirtuación de rubro, otros motivos frecuentes de clausura son tener la capacidad excedida, salidas de emergencia obstruidas; carecer de matafuegos; vender alcohol fuera del horario permitido; permitir el acceso de menores de edad; falta de habilitación, ruidos molestos o irregularidades de higiene.

Ante una falta grave, la AGC realiza la clausura administrativa del local y deja una consigna policial. El dueño tiene 48 horas para hacer su descargo ante la Dirección General de Administración de Infracciones del Ministerio de Justicia porteño, que es la que decide si mantener o no la medida. Mientras, el local debe permanecer cerrado. Sin embargo, la mayor parte viola la clausura y reabre sin permiso.

En el último fin de semana detectaron 6 locales que reabrieron pese a estar clausurados. Como se trata de una contravención, en esos casos interviene un fiscal porteño, que puede ordenar medidas que pueden ir desde el secuestro de los equipos de sonido hasta, si hay reincidencia, tapiar el local. Según la Fiscalía de la Ciudad, en 2015 hubo 3.000 locales de diferentes rubros que violaron una clausura, y el año pasado 3.297, casi un 10% más. El barrio donde más se cometió esa contravención fue Palermo, con 517 casos, más de 15% del total.

Pedace pone como ejemplo al Malibú Bar, en Niceto Vega al 5600. "Le pedimos al fiscal porteño Miguel Kessler tapiar la puerta, porque los responsables del local habían cometido faltas furtivas, como exceder la capacidad permitida o venderle alcohol a menores, y habían violado la clausura repetidas veces. Estando clausurados, igual anunciaban sus actividades a través de las redes sociales".

La sanción por violar una clausura es de $ 5.000 a $ 60.000 de multa o de 5 a 20 días de arresto. "En la Legislatura está en estudio un proyecto para endurecer las multas -dice Pedace-. Pasarían a $ 80.000 ante la primera violación y a $ 100.000 en la segunda". Y subraya: "La noche tiene que tener una diversión segura, que no puede caer en mano de indolentes que violan sistemáticamente las clausuras".

clarín, 11 de abril, 2017

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